miércoles, 7 de enero de 2015

DÍA DEL VALOR

Antes de irnos de vacaciones de navidad, tuvimos un día en clase El día del valor. Durante las dos horas que tuvimos de teoría estuvimos representando y cantando canciones y cuentos que escogimos por grupos al resto de compañeros, como si fueran nuestros alumnos de primaria. Fue algo muy bonito ya que todos, de alguna manera u de otra, nos involucramos mucho y bajo mi punto de vista quedo muy bien. 
Empezando por la cancion, nosotras elegimos la de Macaco: Seguiremos. Yo creo que el titulo de la cancion ya dice mucho, pero dice mas cuando la cogimos por este motivo: 



Y como podéis haber visto, este vídeo esta echo y dedicado a todos aquellos niños que están ingresados en los hospitales por diversos motivos. Y simplemente por que nos pareció importante el motivo de seguir siempre, ante cualquier dificultad; que aunque suene a un típico, es la verdad. Es un valor fundamental que todo niño debe saber. 

Y en cuanto al cuento elegimos uno de un chico que hizo él el año pasado. En concreto este cuento le propuse yo. Lo digo por que es un cuento que trata, fundamentalmente, de los scouts y como transmitir valores sin tener dicha intención. Se reflejan los lemas que envuelve a cada unidad scout y de esta manera comprenderéis mas lo que hacemos. Y me pareció tan buen cuento que no dude en cogerlo. Es mas bien un cuento ambientado para el ultimo ciclo de primaria, incluso valdría para la ESO. Este es el cuento: 

CABALLERO DE LA PAZ

Érase una vez, hace mucho tiempo, un joven llamado Ikki que vivía en unas tierras muy lejanas. Ikki era hijo de dos humildes jornaleros, los cuales sufrieron un grave accidente. Ikki quedo huérfano con solo dos años. El señor de las tierras donde trabajaban los padres de Ikki lo acogió en su castillo con la intención de que cuando Ikki fuese mayor convertirlo en uno de sus caballeros. Y así Ikki fue educado en el ambiente caballeresco, rodeado de espadas y armaduras.

Pero Ikki no quería ser caballero. Él encontraba mucho más enriquecedora la vida en el campo, fusionado con la naturaleza. Le encantaba pasar las tardes de primavera en el bosque, escuchando la melodía de la hierba, o las mañanas de otoño buscando frutos en el bosque para hacer ricas tartas.

Un día Ikki fue llamado por el señor del castillo, Don Maroto, y éste le comunicó que en unas semanas sería armado caballero. Ikki, que sentía una gran admiración hacia aquel hombre, que siempre había sido bueno con él, decidió sincerarse y contarle toda la verdad.

-          Señor, agradezco enormemente esta oportunidad que me ofreceis, pero he de confesar que yo no quiero ser caballero. Yo prefiero la vida en el bosque, lo prefiero antes que el campo de batalla, pero si vos deseáis que me convierta en uno de vuestros caballeros, así será.

Don Maroto, que sentía un enorme cariño hacia aquel muchacho, lo miró asombrado y tras unos instantes de silencio le le dijo lo siguiente:

-          Está bien, Ikki. Te daré la oportunidad de que puedas conseguir libertad para dedicarte a lo que más deseas, pero para ello tendrás que superar una prueba. Durante cinco días consecutivos tendrás que acudir al castillo, y de algún modo, con algún gesto, tendrás que convencerme de que eres el mejor de los caballeros. Si lo consigues, obtendrás tu libertad.

Ikki, muy asombrado, asintió con la cabeza, y tras el permiso de su señor, dio media vuelta y se fue.

Mientras andaba, no dejaba de pensar en aquella extraña prueba. ¿Cómo podría demostrar que él era el mejor de los caballeros? No era el mejor en el arte de la espada, y mucho menos en el manejo del caballo, pero lo que más asombraba a Ikki era que ¡tenía que demostrar que era el mejor en algo para finalmente no serlo! Ikki no entendía nada. No obstante, continuó su camino pensando en cómo podría hacer para lograr su objetivo.

Al día siguiente, Ikki madrugó tanto que se puede decir que fue él quien encendió el sol. Acudió al castillo cargado con un enorme saco, se presentó ante Don Maroto y extrajo del saco una buena cantidad de castañas y nueces, y se las ofreció a su señor.

-          Señor, cumpliendo con la prueba a la que vos me sometisteis, quiero demostraros que soy el mejor de los caballeros y para eso lo primero que quiero hacer es compartir con vos estos frutos que recogí esta mañana en el bosque, ya que al igual que vos compartís todo conmigo, así quiero hacerlo yo con vos.
 Ikki dejó en el suelo el saco, y ante el asombro de Don Maroto, se marchó.
-           
El martes Ikki se presentó ante Don Maroto vestido con una vieja y oxidada armadura de caballero.

-          Señor, me presento así vestido porque quiero que sepáis que si vos creéis que lo mejor para mí y para todos es que me convierta en caballero, así será, y lo haré de la mejor manera posible, poniendo todo mi empeño en ello, pues lo que más deseo es hacer siempre lo mejor, para vos y para mis semejantes.

El miércoles Ikki acudió al castillo y entregó a Don Maroto un pequeño silbato de madera.

-          Señor, os entrego este silbato para que siempre que me necesitéis, para lo que sea, lo hagáis sonar, y al momento de escucharlo acudiré rápido a vuestra llamada. No importa la hora que sea, de día o de noche, porque yo para vos siempre estaré listo.

El jueves, con un gran énfasis, Ikki se presentó ante Don Maroto acompañado de un buen número de sus compañeros caballeros y dijo lo siguiente:

-          Me presento ante vos de este modo para aseguraros de que si vos lo deseáis lucharé junto a cada uno de estos hombres como si todos fuéramos uno, ya que eso es lo que somos y representamos, una unidad.

Finalmente, el viernes, y siguiendo con su ritual, se presentó ante Don Maroto descalzo y con las manos y el torso desnudos.

-          Señor, esta es la última oportunidad que tengo para demostraros que soy el mejor de los caballeros. Vos sabéis que no soy el mejor con la espada, y que apenas puedo sostener el peso del escudo, pero también sabéis que siempre he estado a vuestro servicio sin ninguna condición y dejándome la piel en todo lo que hacía por vos. Por eso me presento así ante vos, desnudo de armaduras y telas, como gesto de servicio ante mi señor.

Al día siguiente, mientras Ikki descansaba, recibió un pergamino en el que su señor le citaba esa misma noche para que velara sus armas.

Ikki se sintió muy triste, pues aquella cita significaba que no había superado la prueba, y que irremediablemente, tendría que convertirse en caballero.

Por la noche Ikki acudió al patio del castillo preparado para velar sus armas, y cuando entró, lo que encontró lo dejó perplejo. En lugar de una armadura, había unas botas de cuero, en lugar de la espada, había un bordón de madera, y en lugar del escudo, había una hermosa flor roja con seis pétalos. Ikki, muy asombrado y sin entender nada, preguntó a Don Maroto el significado de todo aquello. Don Maroto se acercó a Ikki y le explicó el motivo de todos aquellos objetos.
 
-          Ikki, me has demostrado que eres el mejor de los caballeros, y para ello no has empuñado una sola espada, si no que has demostrado que eres digno de honor y de mi confianza. Por eso quiero armarte caballero, pero no como un caballero de guerra, sino de paz.
Te entrego estas botas para que puedas caminar por el bosque sin dañarte los pies, para que puedas correr con los ciervos y trepar a los árboles a recoger frutos. También te entrego esta flor como símbolo de la naturaleza que tanto amas, para que la cuides y recuerdes siempre tus principios. Y finalmente te entrego este bordón de madera para que te ayudes en tus paseos por el bosque que tanto amas. Ahora arrodíllate, pues quiero nombrarte caballero.

Ikki obedeció, se arrodilló, y Don Maroto tocó con el bordón los hombros de Ikki, primero uno y después el otro.


Ikki fue nombrado por su señor guardabosques de todas sus tierras, y vivió durante el resto de sus días en una humilde cabaña de campo que él mismo construyó. Cuenta la leyenda, que los muchachos del pueblo acudían a Ikki para que este les enseñara todos los secretos del bosque y las maravillas de la naturaleza. Cuando los muchachos demostraban su amor al bosque, Ikki les nombraba caballeros, del mismo modo que Don Maroto había hecho con él, y a su vez los muchachos, cuando se convertían en hombres, investían a otros jóvenes amantes de la naturaleza. Y quién sabe hasta cuándo han seguido los jóvenes de aquellas lejanas tierras siendo nombrados caballeros de la paz y de los bosques.







Referencias de las fotos: 
- http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/thumb/2/20/World_Scout_Emblem_inverse.svg/887px-World_Scout_Emblem_inverse.svg.png 
- http://www.crisantena.org/joomla/images/immaginiarticoli/gfsign.gif


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