Ya que estamos aquí para aprender
a ser buenos profes, yo quiero acordarme de tres profesores en especial. Dos de
ellos son de primaria y uno de secundaria. Y por supuesto, hay profesores
buenos y profesores malos, y yo os voy a hablar de los dos casos y de mis
experiencias.
Voy a empezar hablándoos de los
profesores de primaria, que a los dos los tengo mucho aprecio y cariño, ya que
cualquiera de los dos me ofrecieron mucho. A Luis le tuve los dos primeros años
de primaria, el primer ciclo, y aunque yo era muy pequeña, recuerdo alguna
cosa, y luego ya por las cosas que me han contado mis padres y el mismo
profesor ahora de mayor. Luis es el típico profesor súper agradable, cariñoso,
divertido… y todos los calificativos buenos que encontréis, pero eso sí, si se
tenía que poner serio y echarnos las bronca por que nos estábamos portando mal,
no lo dudaba. Yo recuerdo salir siempre muy contenta del colegio y tengo muchas
cosas guardadas hechas con él. Pero también salía muy contenta de las clases en
3º de primaria. Este curso tuve a Miriam, y es otra profe súper buena, que nos
enseñaba las cosas de una manera distinta, con juegos, chistes,
representaciones… hacia las clases muy divertidas y amenas. Y cada vez que me
paro a pensar en todo esto, me trae nostalgia, y a la vez ganas por llegar a
conseguir ser algún dia como cualquiera de ellos dos. Ser la profe distinta de
la que algún dia, algún alumno me recuerda como una profe divertida.
Pero una cosa que tengo muy clara
es como no quiero ser. Es verdad que esta profe, la de naturales, ya daba
clases en la ESO y es un lugar donde yo no creo que llegue a dar clases, ya que
lo mío es primaria, y no vas a tratar exactamente igual a los niños de primaria
que de la ESO, pero tampoco hay que
hacerlo de la manera que ella lo hacía. Yo creo que hay muchas formas de
enseñar, y esta es una de las peores. Esta profesora (siempre bajo mi punto de vista) ridiculiza a
los niños. Me explico, si un niño no entiende algo, no hay que sacarlo todo el
rato a la pizarra delante de sus compañeros y decirle palabras que pueden herir
al niño. O si no entiende algo que hayamos leído, no decirle que lo lea en alto
una y otra vez hasta que lo entienda. En todos estos ejemplos nos podemos ver
identificados mis compañeros de clase en la
ESO y por supuesto, yo.
En resumidas cuentas, yo tengo
claro porque estoy aquí, porque es mi vocación. Y tengo unos moldes a seguir o
unos referentes en quien apoyarme, y otros moldes que no quiero seguir. Tengo
las dos opciones, y espero ser “LA PROFE DIVERTIVA”.
Foto recogida de: http://fibromialgiamelilla.files.wordpress.com/2013/03/colegio.jpg

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